El Curpillos o Corpus Chico es la fiesta burgalesa más genuina.
No se celebra en ninguna otra parte de España ni del mundo.
Parece que sus orígenes están en la celebración de la victoria de las huestes
cristianas sobre las musulmanas en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, pero la primera fecha que se conoce de su celebración es la del 22 de mayo de 1331, después de la institución de la solemne fiesta del Corpus, bajo el reinado de Alfonso XI. Y
desde esa fecha hasta nuestros días no ha dejado de celebrarse en el barrio de
Las Huelgas esta peculiar fiesta que reúne a las máximas autoridades militares,
religiosas y civiles y, por supuesto, a todo el pueblo burgalés, que
ve en ella una de sus señas de identidad.
Cuaderno de bitácora sobre nuestras instalaciones, servicios y colecciones.
jueves, 19 de junio de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
Visitas del rey D. Juan Carlos a Burgos
La abdicación del rey D. Juan Carlos ha sido una gran sorpresa. Apenas
se produjo la noticia, los ciudadanos opinábamos sobre la abdicación del monarca a través de las redes sociales. No se habla de otra cosa ni en medios de comunicación ni entre amigos.
Seguro que será el tema estrella hasta que empiece el Mundial de fútbol.
Desde el Archivo te invitamos a recordar las visitas de D. Juan Carlos a Burgos a través de nuestro fondo documental y gráfico.
Desde el Archivo te invitamos a recordar las visitas de D. Juan Carlos a Burgos a través de nuestro fondo documental y gráfico.
martes, 20 de mayo de 2014
Oro negro en Burgos : historia de una frustración
La comarca de Las Loras se extiende por las provincias de Burgos,
Palencia y Cantabria. Lo que después se llamó —y aún hoy se sigue llamando— campo petrolífero de Ayoluengo está en La Paramera de La Lora, al noroeste de la provincia de Burgos; se extiende por los páramos de ese pueblo,
por los de Valdeajos, San Adrés de Montearados y Sargentes de la Lora, que es la cabeza de
municipio de todos ellos. Hace cincuenta años, en 1964, brotó de esta tierra petróleo. En una
España en blanco y negro, donde las noticias se conocían por el NO-DO y aislada
del mundo real, el hallazgo del oro negro llenó de sueños a la comarca y a toda
la nación. Los americanos llegaron con toda su tecnología como si hubiese sido en
un guión de Berlanga, con la idea de convertir Castilla en la nueva Texas para
sacar del subdesarrollo a todo un pueblo atrasado, que de repente se imaginaba
ya conduciendo Mercedes y brindando con champán.
Pero, como casi todo en esta piel de toro, salió mal. Resultó que el
petróleo era de mala calidad y no servía para ser refinado, sino solo para
combustión industrial. Además el volumen, que se presumió inagotable, era mucho
más escaso y se encontraba en depósitos aislados que hacían difícil su
explotación.Solo fue un espejismo más —otra quimera—, solo fue la historia de una
frustración.
lunes, 28 de abril de 2014
Napoleón y Wellington en Burgos
Que Burgos es una encrucijada de caminos lo hemos escuchado toda la vida desde nuestra más tierna infancia y los acontecimientos de la Guerra de la Independencia, que aquí contaremos, una vez más corroborarán esta afirmación porque Burgos fue parada obligada en todos los movimientos tanto militares como políticos entre Madrid y la frontera. Napoleón, que estuvo diez días en nuestra ciudad, la consideró una plaza de primera magnitud en sus planes de invasión por su extraordinario valor estratégico. La ciudad sirvió de cuartel de alojamiento para las innumerables tropas que transitaban desde Francia hacia diferentes puntos de la Península con sus más importantes mariscales al frente, Murat, Thiébault, Lefebvre… Igualmente acogió a la familia real en su camino hacia Bayona y hasta el nuevo rey José I estuvo en ella. Y cuando empezaron a cambiar los acontecimientos, también recibiría a las tropas españolas y luso-británicas y a sus principales generales, García de la Cuesta, el duque del Infantado y por supuesto al general Wellington.
lunes, 7 de abril de 2014
Invitando al monje
El documento original más antiguo del Archivo Municipal data de 1091. Es contemporáneo, por tanto, del Cid, seguramente el burgalés más ilustre. Lo mandó redactar Alfonso VI —aquel de quien el Cantar de Mío Cid dice que desterró a tan ilustre caballero de Castilla— con el fin de atraer al monje más famoso de la época, Adelelmo, conocido en la actualidad como san Lesmes.
Aunque tratemos de imaginar cuál habrá sido la historia de este documento en estos casi mil años (923), seguramente no podamos descifrarla. Pero al menos sabemos que, custodiado en el archivo del Monasterio de San Juan, ha sobrevivido a incendios, a saqueos, al olvido y al caótico traslado a las dependencias del Ayuntamiento de Burgos, hasta su ubicación definitiva en el Archivo Municipal.
Aunque tratemos de imaginar cuál habrá sido la historia de este documento en estos casi mil años (923), seguramente no podamos descifrarla. Pero al menos sabemos que, custodiado en el archivo del Monasterio de San Juan, ha sobrevivido a incendios, a saqueos, al olvido y al caótico traslado a las dependencias del Ayuntamiento de Burgos, hasta su ubicación definitiva en el Archivo Municipal.
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