Que Burgos es una encrucijada de caminos lo hemos escuchado toda la vida desde nuestra más tierna infancia y los acontecimientos de la Guerra de la Independencia, que aquí contaremos, una vez más corroborarán esta afirmación porque Burgos fue parada obligada en todos los movimientos tanto militares como políticos entre Madrid y la frontera. Napoleón, que estuvo diez días en nuestra ciudad, la consideró una plaza de primera magnitud en sus planes de invasión por su extraordinario valor estratégico. La ciudad sirvió de cuartel de alojamiento para las innumerables tropas que transitaban desde Francia hacia diferentes puntos de la Península con sus más importantes mariscales al frente, Murat, Thiébault, Lefebvre… Igualmente acogió a la familia real en su camino hacia Bayona y hasta el nuevo rey José I estuvo en ella. Y cuando empezaron a cambiar los acontecimientos, también recibiría a las tropas españolas y luso-británicas y a sus principales generales, García de la Cuesta, el duque del Infantado y por supuesto al general Wellington.
