viernes, 14 de diciembre de 2018

La judería burgalesa (1ª parte)


Ubicación de la Judería de Burgos
Durante la Edad Media casi todas las ciudades y pueblos relevantes tenían su judería y la de Burgos fue nada menos que la segunda en importancia del reino de Castilla, después de la de Toledo. En defensa del burgalés que no sepa este dato hay que decir que, por desgracia, no quedan apenas vestigios arqueológicos de ella. Tras el Edicto de expulsión de los judíos decretado por los Reyes Católicos en 1492 la judería quedó despoblada, aunque este proceso de abandono había empezado ya un siglo antes.
Os invitamos a adentraros con nosotros en el Burgos medieval en donde vivían cristianos, judíos y moros, aunque no tan pacíficamente como se nos ha hecho creer.

Una judería, es por tanto, el barrio o parte de una ciudad en donde tenían sus casas y habitaban los judíos. En principio estos barrios tenían personalidad jurídica y fiscal propia y en castellano a estas comunidades, tanto de moros como de judíos, se las denominaba también aljamas.
Según las Ordenanzas usuales en Castilla, los judíos dependían directamente del rey, y estaban exentos de la jurisdicción civil y criminal de las ciudades y villas donde radicasen sus aljamas, en todo aquello que no tuviese relación con los cristianos e intereses de éstos. (Luciano Serrano)
Los judíos que vivían en las juderías medievales eran los descendientes de los antiguos habitantes de Israel, que tras la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C., se vieron obligados a emigrar. Es lo que se conoce como diáspora judía.

Estos judíos emigrantes llegaron a distintas partes de Europa, pero, aunque se movieron de nación en nación, se trasladaron con sus propias costumbres, rituales y creencias, porque uno de los rasgos característicos de los judíos fue que siempre se vieron a sí mismos como un solo pueblo y una sola cultura. Por ello y para conservar estas costumbres y la “pureza” de su religión, vivían en estos barrios sin mezclarse con el resto de la población, lo que hacía que igualmente fueran vistos por el resto de habitantes como una comunidad aparte y esto, junto con otras cuestiones que veremos, causaba tanto recelo entre los cristianos, que en ocasiones se desencadenaban conductas muy violentas hacia ellos.

Aunque es seguro que llegaron antes, se tiene constancia documental de la presencia de judíos en la Península Ibérica desde el siglo IV, cuando en los cánones del Concilio de Elvira (300-324) se habla de comunidades judías prósperas y se presenta a la religión judaica como una seria competidora del cristianismo.
Cofre del engaño a Raquel y Vidas
La historia de los judíos en España, desde estas primeras fechas hasta su expulsión en 1492, se caracterizó por alternar episodios de tolerancia con otros de persecución. Por ejemplo, durante el período visigodo fue un momento de represión, mientras que  durante el califato de Córdoba la comunidad judía experimentó un crecimiento extraordinario. Fue lo que en el judaísmo llaman la “Edad de oro española”. Posteriormente, la caída del califato y el ascenso de los reinos taifas y las invasiones de los almorávides y almohades supuso un nuevo periodo de persecuciones sangrientas, que forzaron a la mayoría de los judíos a emigrar hacia los reinos cristianos peninsulares.
Y aquí nos vamos a quedar para hablar de la judería burgalesa, pues sería éste el momento en el que llegaron a nuestra ciudad. 
Tenemos el testimonio del escritor musulmán Ibn’ Abd al-Mun im al-Himyari que en el s. XI describe a Burgos como:
Una gran urbe que un río atraviesa y divide en dos partes rodeadas de sendas murallas. En una de ellas vive una población compuesta en su mayor parte de judíos.
Y el famoso episodio del Poema del Cid que nos pinta en el siglo XI a Martín Antolínez entrando en el castillo y tratando con los judíos Raquel y Vidas:
“Martín Antolinez non lo detardava passó por Burgos, al castiello entrava por Raquel e Vidas apriesa demandava”
En cuanto a la ubicación de la Judería de Burgos, dice López Mata en su libro Morería y judería burgalesas en la Edad Media:
La calle Fernán González, en la Edad Media llamada Tenebregosa, separaba dos focos
de población: uno ascendente hacia el castillo y otro descendiente hasta la muralla de los Cubos. En cada una de ellos existió una agrupación morisca y otra judaica. La Judería Superior o de “Arriba” ascendía hacia el castillo, iglesia de Santa María la Blanca y calle de las Armas (hoy desaparecida).
La Judería Inferior estaría en el declive del último tramo de la calle Tenebregosa hacia
FO -9057
las murallas de los Cubos, con salida al campo por la puerta tapiada inmediata al torreón conocido con el nombre de Doña Lambra. 
Lindaba la judería al este con la morería inferior, con la que establecía contacto por la parte de la Alhóndiga (hoy Teatro Clunia), levantada a principios del s. XVI sobre casas del barrio de la judería (Libro de Actas 1512. LA-49)
Domingo Hergueta en su libro El Castillo de Burgos escribe:
La Judería de Burgos era un barrio murado en la parte baja de la ciudad, paralelo al paseo de los Cubos […] Estaba habitado sólo por judíos y tenía dos puertas, la de Ferreros, al oriente y la de Silleros, al poniente, por la que únicamente entraban y salían los judíos.
Debía de tener la aljama burgalesa al menos una sinagoga, pero de ella o ellas, no han quedado rastros, solo alguna mención como la ofrecida en un documento de 1440:
Estando ayuntados en su oración al aljama de los judíos desta ciudad de Burgos en la Xinoga que es cerca de la puerta de San Martín. (Arch. Cat. Bur.)
La judería era el municipio administrativo de los judíos, estando sometida a impuestos especiales. Los dayaním o jueces equivalían al cargo de alcaldes y el Rabino Mayor tenía autoridad sobre todos los judíos del reino. Ya hemos apuntado que las juderías tenían personalidad jurídica propia, por ello los pleitos entre los judíos se resolvían según sus propias leyes y tribunales.
Los judíos eran considerados como propiedad de la Corona, de modo que en algunos casos, la multa por herir o matar a un judío no se pagaba a su familia, sino al rey.

En el siglo XIII la población de la judería burgalesa representaba aproximadamente el 9% de la población total, en torno a 700 habitantes. En ella vivían exclusivamente judíos, pues a los cristianos se les tenía prohibido vivir en las aljamas, ni de judíos, ni de moros, bajo severas multas.
La sospecha y temor de peligrosos contagios de índole religiosa, juntamente con los sexuales, influyó decididamente en el propósito del Concejo burgalés para lograr el más completo aislamiento de las aljamas judía y mora. (T. López Mata)
Representación de judíos. Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio
En cuanto a las ocupaciones, Luciano Serrano nos dice que los judíos burgaleses tenían tiendas en la ciudad para el comercio con los cristianos; además, ejercían las profesiones de médicos y farmacéuticos; eran prestamistas, arrendadores de tributos, contratistas y cambiadores de moneda.
Estos oficios no eran exclusivos de los judíos burgaleses.
De hecho, en toda Europa asumieron estos oficios relacionados con las finanzas, las recaudaciones de tributos y especialmente con el préstamo a interés, lo que contribuyó enormemente al aumento de la antipatía e incluso del odio hacia ellos.
Durante la Edad Media la usura estaba muy mal vista e incluso condenada por la Iglesia, de modo que ningún cristiano podía hacer préstamos con interés a otros cristianos. Pero a los judíos sus leyes sí les permitían practicar la usura con los no judíos, por este motivo se convirtieron en habituales prestamistas de todos los estamentos de la sociedad.
Pero no era la única causa por la que el resto de la población recelaba de los judíos. Entre los motivos por los que resultaban tan odiosos a la sociedad del momento hay todo un decálogo, pero si uno destaca por encima de todos, incluida la mencionada usura, sería el del ser considerados por los cristianos como los “asesinos de Cristo”.
En esta época se agudiza el odio hacia los judíos y se les culpa de todo lo malo que sucede. La imagen del judío en la sociedad de la época es esta:
Retablo de la Virgen (Sigena)
El judío como el agente del diablo, el practicante de magia negra, el usurero que utiliza su intelecto con el único fin de explotar a la sociedad y privar a los pobres de cualquier oportunidad para mejorar su condición de pobreza o estatus social y por encima de todo esto el culpable de las enfermedades. (
Se les culpa de envenenar las aguas y con ello provocar las epidemias de peste, tan mortíferas y recurrentes en estos siglos. Y comienzan a discurrir por toda Europa los llamados Libelos de sangre, que son acusaciones falsas en las que se culpa a los judíos de sacrificar niños cristianos durante las celebraciones de sus festividades, en las que rememorarían la muerte de Cristo. Estas calumnias se extendieron por toda Europa. La más famosa en España fue el caso del Santo Niño de La Guardia en 1491.
Para acabar de estigmatizarlos en el IV Concilio de Letrán de 1215-1216 se les impuso vestir trajes especiales, el alejamiento de los cargos públicos y la prohibición radical a los conversos de retornar a su antigua fe.

Y nuestro obispo Mauricio, según escribe Francisco Cantera:
Obligó a la ciudad y a la diócesis burgalesas, bajo severas penas eclesiásticas, a suspender toda clase de comunicación con los judíos que se negaran a vestir traje distinto de los cristianos.

Con un sentimiento antijudío tan enraizado en la sociedad de este momento, todo hace presagiar un final trágico para la judería burgalesa y sus habitantes. 
Pero eso os lo contaremos en la siguiente entrada.  

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